El yoga en la escuela: una experiencia de vida.

IES Azahar

Son las 8:30 de la mañana en el instituto Azahar de San Martín del Tesorillo (Cadiz), me dirijo hacia la puerta del aula de 1ºESO B, al abrirla me encuentro en la pizarra escrita una sola palabra, YOGA. Es la manera que tiene la clase de darme la bienvenida y en mis labios aparece una sonrisa, sé que vamos a vivir momentos maravillosos.

Así empieza un proyecto que ha durado 6 meses, en dónde durante una hora a la semana, hemos podido trabajar el cuerpo, la mente y el corazón de los niños y las niñas de los dos grupos de 1º de ESO del centro. Pero para ser honestos y echando la vista atrás, si hay alguien que ha aprendido durante éste tiempo he sido yo. Mis 40 alumnos se han convertido en unos verdaderos maestros para mí. Cada hora una lección magistral, cada duda, cada problema que me contaban y solucionaban un máster en humanidad, nunca les estaré suficientemente agradecido…

Yoga IES Azahar

Mindfulness con cuenco tibetano

Masaje en parejas

Masaje en parejas

 

 

 

 

 

 

 

Empezamos a trabajar, posturas realizadas a través de cuentos que reafirman su potencialidad y les hacen ver lo inmensos y valioso que son (hablando de las inteligencias múltiples les dije cuantos grandes genios habían fracasado en la escuela, no se me olvidará los ojos brillantes de Javi “maestro, ¿pero entonces nosotros somos genios también?” Hasta ese momento ni se lo había planteado…), relajaciones profundas en dónde podían tener un momento mágico de paz y tomar conciencia de la tensión que van acumulando en el día a día (“por favor, ¿hoy podemos hacer toda la clase de relajación?”), técnicas de mindfulness para ver que lo importante no está en el resultado final, sino en dar lo mejor de ti en cada instante, rituales en dónde compartíamos con los demás un pedacito de nosotros mismos y fomentábamos la empatía, autoconocimiento, inteligencia emocional, juegos, sonrisas…

Meditaciones en pareja

Meditaciones en pareja

Quien ha trabajado con adolescentes se imaginará que no todo han sido momentos agradables y apacibles, si bien es cierto que en la escuela muy sumida en competencias, objetivos, programaciones… no se enseña la vida, no lo es menos, que buena parte de las vidas de nuestros alumnos transcurre en la escuela. Ha sido maravilloso observar cómo han ido solventando y solucionando los problemas que han ido ocurriendo en el aula. Tras uno bastante grave, en el que tuvimos que intervenir la tutora, orientación, la dirección y hasta yo mismo, recuerdo la conversación con otro ángel de la educación, Beatriz, la directora del centro, en la que me hablaba de que al final ellos mismos habían solucionado el problema, y pensé, es esto lo que se van a llevar de verdad cuando salgan de aquí.

Hemos reído, hemos llorado, nos hemos enfadado y reconciliado, en definitiva, hemos vivido. Todo ello de una manera más consciente, dejando muchas veces nuestras máscaras a un lado y presentándonos tal cuál somos (otro momento mágico llegó cuando tras trabajar la amabilidad a través de asanas y una meditación, uno de los alumnos que más problemas estaba teniendo durante el curso con los demás compañeros y con los profesores, empezó a llorar al sentir como los demás decían cosas buenas sobre él. El silencio que se hizo en ése momento en la clase al descubrir que también estaba sufriendo es indescriptible).

El árbol del yoga. En las raíces, qué es para ellos el toga, en las ramas los dones de cada uno

El árbol del yoga.
                                   En las raíces, qué es para ellos el yoga, en las ramas los dones de cada uno

Así es el yoga, podría llenar páginas y páginas de experiencias vitales, de momentos especiales que sé que quedarán en mi recuerdo y en el de mis alumnos, es lo que conlleva trabajar desde las emociones. Un buen regalo fue el último día de clase cuando Carlos se acercó a mí y me dijo “maestro, ¿sabes que hicimos ayer por la tarde? Nos reunimos para decirnos las cosas bonitas que tenemos”.

También agradecer la presencia en todas las clases de Aurora y Javier, dos grandes docentes que me han acompañado durante todas las sesiones, apoyando, disfrutando y lanzándose al suelo para hacer yoga con sus alumnos desde el primer día, se que sin ellos no hubiese sido lo mismo.

El año que viene vendrá un nuevo grupo y en septiembre volveremos a echar las esterillas al suelo para hacer yoga, el proyecto continúa, cuerpo, mente y corazón unidos a través de ésta práctica.

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